Por Javier Livas
No se hace ningún favor el Gobernador Medina al descuidar su imagen pública porque, sin quererlo, contribuye al clima de angustia e inseguridad que se vive en Nuevo León -especialmente después de un miércoles renegrido como el recién pasado. Quienes lo asesoran deberían cuidar más su agenda de eventos para que no dé margen a que los medios puedan destacar la frivolidad como estilo de gobierno.
Tampoco debe olvidar que estamos en un virtual estado de guerra en el que, si no se han suspendido garantías, es quizá por pena con la comunidad internacional -a la que de todas maneras ya estamos convenciendo de que México se mueve en un borde muy cercano a la ingobernabilidad.
Los generales en tiempos de guerra tienen que actuar como generales y hacer a un lado los eventos de relaciones públicas que pueden ser totalmente procedentes y explicables en tiempos de paz.
He estado repasando a Maquiavelo y, aunque pudiera estar en desacuerdo en que sus consejos fueron propios para una era que ya murió -previa a lo consolidación de los estados modernos-, hay algunos que siguen siendo muy válidos y vigentes, como el que dice que a un príncipe el poder le llega por el miedo de sus adversarios y no porque se muestre simpático.
En tiempos de guerra el honor se vuelve esencial. Cualquier cosa que el Gobernador haga que no refleje su deseo de preservar su honor termina lastimándolo a él en su credibilidad y, por ende, a su gobierno, que se ve desdibujado y sobrepasado por los acontecimientos, aun a pesar de que sea producto de muchos otros factores sobre los cuales él carece de responsabilidad.
¿Pero qué es el honor?, habría que preguntar. El honor es valor, un sentimiento, una cualidad, un bien preciado que obliga a quien lo posee a responder de cierta forma frente a quienes forman su grupo de referencia. Por ende, en el caso de un Gobernador, el honor rebasa por mucho la esfera del grupo cercano, ya que el Gobernador se ha ligado voluntariamente a la idea de servir a la comunidad. No hacerlo bien es perder su honor frente a quienes se ofreció a gobernar.
Sin embargo, el honor es ya un valor en gran medida olvidado. Tuvo su época de oro quizá en la España antigua, en donde pudieron concebirse los caballeros andantes como el Quijote desfaciendo entuertos y protegiendo al débil. En Inglaterra, sin duda, el honor tuvo su época de oro durante el reinado de la Reina Victoria.
En ambos países, los hombres de honor eran quienes empeñaban su palabra frente a sus pares. Perder el honor era perder la credibilidad y caer en el total desprestigio. En las mujeres, el honor atendía a cuestiones propias de su sexo y se hacía depender de mantener la castidad.
De acuerdo con los estudiosos, el honor ha caído en desuso en la civilización occidental. Dos factores han contribuido a ello. En primer lugar, el cristianismo que exige humildad y poner la otra mejilla. En segundo lugar, la liberación femenina que no sólo dejó en libertad a las mujeres de comportarse como si los sexos fueran idénticos, sino que, de paso, liberó a los hombres de tener que batirse en duelo para hacer valer el honor de una dama.
Sin embargo, regreso al tema original porque hay un lugar especial en el que el honor sigue siendo de vital importancia y allí se aloja para irradiar un poco de dignidad a la especie humana. Es precisamente en el terreno de la guerra, en los ejércitos y en cuerpos como el de los marinos mexicanos donde el honor todavía sigue significando lo mismísimo que en la España del Quijote.
De un soldado se espera que tenga un sentido del honor bien arraigado y afortunadamente nuestros soldados y marinos han estado dando muestras de ello. Es muy lamentable que en estos tiempos de guerra sean unos pocos los que se la jueguen por los demás y los demás se cuelguen de ellos y no den la cara.
La desaparición del honor como vertiente importante de la sociedad en general tiene un lado muy negativo. El honor puede ser también el pegamento que mantiene unidos a los pandilleros, a los narcotraficantes o a un grupo de delincuentes cómplices.
Suena extraño que diga esto, pero el hecho es que el honor es un valor relativo del grupo y no necesariamente de la sociedad en su conjunto.
Razón de más para cuidar el bueno y combatir a quienes lo mal usan para perpetuar el mal.
javierlivas@mac.com
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